
La connotación de movilidad en la mayoría de las ciudades de nuestro país ha dejado de significar soluciones para convertirse en sinónimo de problemáticas derivadas de la saturación vehicular que afecta nuestra calidad de vida. ¿Qué mejor ejemplo que la Ciudad de México, para dimensionar históricamente la pesadilla en la que se ha convertido el uso del vehículo para trasladarse en nuestro día a día?
Para que nos podamos dar una idea, de las 32 entidades federativas con las que cuenta el país, únicamente 15 de ellas cuentan con legislación estatal respecto al derecho y la necesidad de la movilidad como derecho humano. El avance ha sido paulatino, ya que, para el no muy lejano 2019, solamente Ciudad de México, Jalisco y Coahuila contaban con una ley de movilidad que contemplara lo anterior.
Las ciudades mexicanas no han priorizado la movilidad de las personas y le han dado más importancia al flujo de automóviles, lo que genera mayor congestión. Sin embargo, las ciudades congestionadas tienen por ende la oportunidad de mejorar su movilidad con políticas innovadoras para incrementar la calidad de vida de su población al permitir la innovación tecnológica, la diversidad de opciones de transporte y competencia, así como incrementar la eficiencia de los servicios de transporte. Entre más rápido se invierta en más y mejor transporte público y no motorizado, así como en la adecuada desincentivación del uso del automóvil, menores, serán los costos de revertir la congestión.
Según datos del IMCO, en 2013, la Ciudad de México ocupó el vergonzoso primer lugar mundial en el “peor trayecto del mundo” es decir, 4 horas de traslado entre el centro de la ciudad a Santa Fe. Sin embargo, hay que decirlo, la Ciudad de México ha avanzado considerablemente en los últimos 10 años respecto a la incentivación de medios de transporte no motorizados, en la adecuación de un transporte público cada vez de mayor calidad y la desincentivación del uso indiscriminado del vehículo.
Hay que aclararlo, no se trata de satanizar el uso del vehículo privado, sin embargo, si se trata de visibilizar que el uso indiscriminado de este es inaceptable y genera costos sociales para todos quienes habitamos la ciudad, nos referimos a costos sociales por ejemplo a la contaminación y al tráfico, los cuales afectan a todas y a todos, no importa si te encuentras detrás del volante o no.

Comúnmente, cuando escuchamos la palabra parquímetro, la damos un significado negativo, ya que sabemos que al acudir a una zona donde existen parquímetros implican cobros, así como el hecho de que tenemos que depositar monedas con las que probablemente no contamos en ese momento y depositarlas en antiguos parquímetros que con suerte detectaran que introducimos la moneda y no se la “tragaran”.
Sin embargo, hoy por hoy, con la existencia de nuevos sistemas auxiliados con una mucho mayor y mejor tecnología, así como la existencia de nuevas aplicaciones móviles que facilitan el pago sin la necesidad de depositar monedas, es hora de que tratemos de desestigmatizar al parquímetro y veamos en él a la solución y no al problema.
Pero ¿por qué “darle el si” a los parquímetros en nuestras citadinas y cotidianas vidas? Por increíble que parezca, los parquímetros tienen la capacidad de reducir el aforo vehicular en un 30% de un día a otro, esto se explica derivado de que, según diversos estudios, en zonas concurridas sin parquímetros, el promedio de vehículos que se encuentran circulando en búsqueda de estacionamiento es de un 30%, generando tráfico y por ende contaminación en la zona. En la conocida zona de Polanco en la Ciudad de México, se implementó el sistema de parquímetros, mismo que se enfrentó (como era de esperarse) a la resistencia de las y los vecinos de la zona así como por quienes ahí laboran, al argumentar una supuesta “privatización” del espacio público al cobrar por el uso del estacionamiento en la vía pública, sin embargo, la vía pública es para goce y disfrute de todas y todos los ciudadanos que se desplazan ya sea caminando, en transporte público o en vehículo particular, la no existencia de parquímetros fomenta que se monopolice el espacio público como estacionamiento privado de algunos cuantos.
En el caso de Polanco, antes de la implementación de parquímetros el tiempo promedio para encontrar estacionamiento era de 13 minutos, en la actualidad es de 4. Son resultados increíbles que dejan en claro que el principal beneficiado de la instalación de parquímetros es quien normalmente pensamos que podría ser el principal afectado, es decir, el automovilista. Un beneficio social a raíz de la implementación de parquímetros en Polanco lo arrojó el Instituto de Políticas para el Transporte y Desarrollo, ya que reveló que a raíz de la implementación de los parquímetros la contaminación en Polanco se redujo en 18 mil toneladas de dióxido de carbono al año al encontrarse menos vehículos circulando en la zona.
A aquellos que aún y con datos como los anteriores claman por la supuesta “gratuidad” del espacio público con fines de estacionamiento… no nos engañemos, es mucho más caro e inseguro pagar 30 pesos a las personas que se apropian del espacio público, conocidos como franeleros quienes supuestamente cuidan de tu vehículo. ¿Quién no se ha sentido amenazado o intimidado por ellos? quienes prácticamente te obligan a pagar un costo inexistente si o si.
¿Qué preferimos? Pagar cuotas inexistentes a quienes se adueñan del uso y aprovechamiento del espacio público o pagar tarifas accesibles de forma fácil y segura, auxiliados por aplicaciones móviles, que además de ello generen ingresos para la alcaldía, los cuales bajo un esquema correcto de aplicación pueden ser empleados en la mejora de la calidad de calles y banquetas por ejemplo.


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