Fumar ya no está de moda

Las nuevas generaciones han dejado de ver al cigarro como un elemento necesario de aceptación para incursionar en su desarrollo social y afectivo.

Durante la pandemia del COVID-19 quienes somos fumadores pudimos apreciar que, en las cajetillas de cigarro, aunado a las imágenes ya muy conocidas y alusivas a los daños que el fumar causa en el cuerpo, apareció una nueva leyenda “Fumar puede agravar el daño por COVID-19”. Lo anterior y aunado a la “psicosis” del momento alrededor de la pandemia, al conocer la peligrosidad de esta y la mortalidad que causó en su momento más crítico, me incentivo a dejar de fumar, reflexionando en ese momento al respecto de las graves consecuencias que seguir haciéndolo podría traer para mi salud. Asimismo, comencé a percibir que cada vez veía a menos fumadores en la calle, supongo que no fui la única persona que pensó y actuó en consecuencia de lo anterior.

Sin embargo, la correlación entre dejar de fumar y la pandemia al parecer fue un efecto temporal de “respeto” o de “temor” al COVID-19, ya que basta con salir hoy a la calle y observar el exterior de cualquier oficina, para darse cuenta de que la gente volvió a fumar, incluso yo así volví a hacerlo.

Me resultó interesante este preámbulo alrededor de mi experiencia personal antes de externar una de las reflexiones que hice durante los meses que dejé de fumar, es decir, antes de encontrar la correlación entre el COVID-19 y la “ausencia” de fumadores en la calle. Me pregunté si fumar había dejado de “estar de moda”, ¿acaso las nuevas generaciones ya no veían al cigarro como un medio de acceder a un grupo social y ser aceptados?, ¿las nuevas generaciones dejaron de percibirlo como un “lubricante” social?, ¿al fin las campañas gubernamentales lograron el desprestigio del cigarro?, o ¿al fin las nuevas generaciones comprendieron la importancia de alejarse de actividades nocivas para la salud? Muchas fueron las preguntas que me hice alrededor de esto, por lo que imaginé entonces un futuro muy cercano en la que quizá nuestros hijos o nuestros nietos, vieran al cigarro como una actividad del pasado, una actividad nociva que realizaban sus padres, sus madres y sus abuelos.

Sin embargo, más allá de mis interrogantes, existen datos reales que le otorgan cierto sentido a todas las preguntas anteriores. Por ejemplo, la empresa tabacalera “Philip Morris”, fabricante de marcas de cigarros tradicionales como la muy conocida marca “Marlboro”, ha manifestado su interés y sus acciones al respecto para retirar por completo los cigarros tradicionales, cambiando gradualmente su producto de venta a los calentadores de tabaco conocidos como “IQOS”, (sigla de la frase en inglés “dejé de fumar de manera común”). De acuerdo con la empresa, a diferencia del cigarro tradicional que todos conocemos, el “IQOS” es un método alternativo que, en lugar de quemar el tabaco, lo calienta, lo que, de acuerdo con diversos estudios se liberan menos sustancias químicas, incluso se habla de un noventa y cinco por ciento menos en cuanto a las sustancias dañinas liberadas con respecto al cigarro convencional.

Según la empresa, el objetivo de esta transición es ayudar a millones de fumadores alrededor del mundo para que puedan cambiar su modo de fumar a una forma mucho menos dañina que la actual. La empresa desarrolladora del “IQOS” acepta que si bien, el uso de este dispositivo electrónico no es libre de riesgos, tiene el potencial de representar un riesgo considerablemente menor. El argumento principal alrededor de esta afirmación es el hecho de que al encender un cigarro tradicional, el tabaco se quema y por ende se produce una combustión que genera humo y cenizas, en la cual se liberan alrededor de seis mil sustancias químicas, de las cuales cien han sido vinculadas con graves enfermedades y problemas de salud pública, por lo que de acuerdo con sus datos, al únicamente calentar el cigarro, no se genera combustión, lo que representa un noventa y cinco por ciento menos de riesgo para el consumidor.

En nuestro contexto nacional, en el marco del Día Mundial sin Tabaco, mismo que se conmemoró el pasado 31 de mayo, el presidente Andrés Manuel López Obrador, firmó un decreto oficial por el cual queda prohibida la circulación y comercialización de los nuevos productos de tabaco conocidos como “vapeadores” o cigarros electrónicos, acción que tuvo concordancia con la alerta máxima emitida por la Comisión Federal para la Protección Contra Riesgos sanitarios (COFEPRIS) con respecto a los riesgos para la salud pública al consumir cigarros electrónicos. Al respecto, la presidencia de “Philip Morris” en México, se pronunció con la intención de obtener un dialogo con las autoridades regulatorias de nuestro país, al argumentar desinformación al respecto. Manifestaron también que, en la actualidad, su producto es distribuido de manera legal en más de setenta países, proyectando que sean cien países para el año dos mil veintisiete. Asimismo, informaron que en la actualidad la venta del “IQOS” representa ya el treinta por ciento de sus ganancias a nivel mundial, por lo que proyectan que para el año dos mil veinticinco este porcentaje sea de cincuenta, y para el año dos mil treinta planean retirarse del mercado de los cigarros tradicionales.

En México, según las estadísticas, existen alrededor de quince millones de fumadores, y los problemas de salud pública alrededor del consumo del tabaco son graves, representando grandes erogaciones económicas para el sector salud y lo más importante, más de sesenta y tres mil muertes al año en nuestro país están directamente relacionadas al consumo del cigarro.

Con lo anterior no busco incentivar y/o convencer a nadie de incursionar en el mundo del tabaquismo bajo esta nueva modalidad, ya que como ya se mencionó, el consumo de “IQOS” no se encuentra libre de riesgos para la salud, sin embargo, para el target conformado por los 15 millones de mexicanos que ya son consumidores de tabaco, el “IQOS” representa una alternativa pensada para contrarrestar los impactos negativos en su salud.

Estoy convencido que la historia alrededor de las prohibiciones gubernamentales para evitar el consumo de diversas sustancias, por lo general y con muy honrosas excepciones suelen fracasar, abriendo las puertas al mercado negro y al enriquecimiento ilícito de algunos cuantos, por lo que considerar un marco regulatorio para la transición del consumo de cigarro tradicional al “IQOS” no es un tema que deba ser desestimado por nuestras y nuestros legisladores en el corto y mediano plazo.

Esperemos que para el año dos mil cincuenta nuestros nietos puedan conocer del cigarro tradicional solo por nuestras anécdotas y que este por fin pueda ser un producto que no vuelva a estar nunca de moda.

Daniel Alejandro Acosta Aguirre.

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