
En la dinámica actual, regida la mayor parte del tiempo por trabajo y ocupaciones alrededor de la búsqueda de la subsistencia económica, poco es el tiempo que nos sobra para tener ratos de ocio que podamos disfrutar de la forma que más nos resulte placentera. Sin embargo, ¿a quién no le ha pasado que cuando al fin logramos estos momentos, el sentimiento de algo que parece ser culpa nos invade y nos genera angustia de no estar haciendo nada de lo que comúnmente conocemos como productivo?
Antes que todo, deberíamos preguntarnos ¿qué es el ocio?, según la Real Academia Española este se define como: “Diversión u ocupación reposada, especialmente en obras de ingenio, porque estas se toman regularmente por descanso de otras tareas”; “Obras del ingenio que alguien forma en los ratos que le dejan libres sus principales ocupaciones”; “Cesación del trabajo, inacción o total omisión de la actividad”; “Tiempo libre de una persona”. Llama la atención que aparte de estar incluida en la definición “toda inactividad”, también se define como “ocupación reposada”, menciona al ingenio y también al descanso, lo cual me lleva a afirmar que no hay nada de malo en el ocio bien encausado, todo lo contrario, ya que en momentos como estos el ser humano puede encontrar la lucidez necesaria para imaginar y crear, no solamente refiriéndonos a invenciones o a hallazgos científicos, me refiero a encontrar y crear espacios propicios para generar bienestar personal y salud emocional, el descanso físico y mental son beneficiosos para nuestra salud en general. El tener tiempo libre nos permite reforzar nuestras relaciones interpersonales, creando y reforzando nuestros lazos de amistad y familiares, realizar actividades al aire libre, ejercitarnos, ir al cine, salir a comer, cocinar, o simplemente sentarse a ver una serie en la tv, fomentan nuestro bienestar intra e interpersonal.
Entonces, ¿por qué solemos sentir culpa en nuestros ratos de ocio? La respuesta se encuentra íntimamente correlacionada con los constructos sociales al respecto de como es que las personas exitosas deberían de ser y actuar, “Al que madruga, Dios le ayuda”, “Hay que ganarle al sol” o, “El éxito no te va a encontrar en la cama”, son algunas de las frases con las que hemos crecido y que han lapidado en muchos de nosotros el placer alrededor del ocio, es decir, si no te levantas de la cama temprano, ni la fortuna ni Dios estarán contigo, mucho menos el éxito, ni que decir de tus aspiraciones. ¡Vaya terrorismo psicológico!
Las redes sociales juegan parte fundamental de lo anterior, minuto a minuto somos bombardeados por una nueva vertiente de “motivadores personales” quienes nos hacen cuestionarnos si lo que estamos haciendo con nuestras vidas está mal. “¿No te gusta tu trabajo? ¡renuncia!”, “¡Date ese viaje!”, “La vida es muy corta para desperdiciarla trabajando todo el tiempo”. Aunado a estos “motivadores” nos topamos con un sinfín de historias tanto de personas que conocemos como de celebridades de internet donde comparten sus vidas perfectas lo cual termina de generar en muchos ese sentimiento de frustración que nos hace olvidar que la vida en realidad es un camino no lineal con destino a la felicidad (sea lo que sea que esta sea). La vida es más parecida a un recorrido por senderos montañosos en los que hay subidas, hay bajadas, en ocasiones nos sentimos perdidos y en otras tantas ocasiones nos sentimos orgullosos del camino recorrido.
¿Te pasas tus ratos de ocio leyendo? ¡lee lo que a ti te guste! no es más valioso ni menos valioso leer historia que leer novelas. ¿Te gusta bailar? ¡baila! no es más valioso bailar una balada que bailar reguetón o salsa. ¿Te gusta salir a caminar? ¡sal a caminar! no es más valioso pasar una tarde tomando café leyendo un libro que no quieres leer. ¿Te gusta esa serie que todos califican de sosa y tonta? ¡vela con gusto, sin culpa! eres lo suficientemente inteligente y capaz para poder extraer de ella fragmentos positivos que puedan ayudarte en tu vida diaria.
Aprendamos a aceptar al ocio como parte de nuestro proceso de aprendizaje de vida, aceptemos que todas las personas tenemos diferentes actitudes ante las situaciones que vivimos día con día y sobre todo que todos tenemos diferentes aptitudes, lo que desde nuestra perspectiva es lo correcto o lo idóneo, no necesariamente lo tiene que ser para los demás. ¡Aprendamos a vivir y a dejar vivir!
Daniel Alejandro Acosta Aguirre


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