Gentrificación en la Ciudad de México, causas y efectos.

Quienes habitan la capital del país saben que esta evoluciona y se mantiene en constante cambio, lo cual no me sorprende, ya que en esta ciudad si algo no pasa es que dejen de pasar cosas. Uno de los últimos fenómenos sociales que han desarrollado en la ciudad es la gentrificación, un término que hasta hace poco tiempo era poco empleado pero que hoy en día es uno de los temas en boga.

Para entender el fenómeno de la gentrificación, debemos remontarnos a septiembre de 2017, mes en el que aconteció el sismo que sacudió a la ciudad. Este hecho como era de esperarse, ahuyentó a miles de personas que la habitaban, el crujir de los edificios, la tragedia, la psicosis y la incertidumbre de entender que en esta ciudad estás expuesto a cada segundo de perder tu patrimonio o incluso la vida a causa de un terremoto conllevó a un éxodo de personas importante, esto particularmente en una de las zonas que suelen tener mayor susceptibilidad a los movimientos de la tierra, me refiero a una de las zonas con más riqueza cultural e histórica de la ciudad, la zona Roma – Condesa, zona privilegiada en cuanto a ubicación, con riqueza arquitectónica y, en la que dicho sea de paso trabajo y paso más de 12 horas de mi día.

Después del terremoto, las calles de la zona se percibieron solitarias, abandonadas, muchos de los edificios colapsaron y los que estuvieron al punto del colapso como el edificio donde laboraba en ese entonces fueron desalojados, los oficinistas que comúnmente llenaban los negocios de la zona desaparecieron y con el paso del tiempo los edificios comenzaron a ser reacondicionados.

Un par de años después, a inicios de 2020, uno de los fenómenos más importantes en la historia contemporánea de la humanidad sucedió, la pandemia generada por el virus SARS-CoV2, lo demás es historia. Esta ocasionó que millones de personas alrededor del mundo comenzaran a laborar desde casa bajo la modalidad del “home office”, lo que dotó a las personas de un mayor control de su tiempo, al no tener que laborar presencialmente en una oficina. Como es de suponerse, los países más desarrollados fueron también los países con mayores avances en materia laboral para erradicar los riesgos de la convivencia entre personas en las oficinas, Estados Unidos es un muy gran ejemplo.

Es justo en este punto donde la población estadounidense mayoritariamente joven que se encontraba haciendo “home office”, vieron la oportunidad de desarrollar sus labores y obtener sus ingresos desde otras latitudes, es decir, seguir trabajando mientras descubren otras ciudades, aunado al aliciente de que en países que no pertenecen a la élite del llamado “primer mundo” los salarios de quienes perciben sus ingresos en este último vale mucho más, en otras palabras, su poder adquisitivo es mayor al de los locales.

La Ciudad de México dadas sus características culturales, históricas y geográficas resultó entonces un gran destino para estos jóvenes, llamados hoy por hoy “nómadas digitales”, quienes vieron en ella un excelente lugar para trabajar por largas temporadas. Llegados a este punto, ¿a dónde creen que comenzaron a arribar estos nómadas digitales de aspecto anglosajón y que hablan inglés?, justamente a la zona de la Roma – Condesa, la cual seguía en proceso de recuperación después del 2017. Su llegada sin duda reactivo de una manera mucho más acelerada los negocios que aún quedaban en la zona, aferrándose a la vida después del éxodo de oficinas y de muchos habitantes mexicanos que tuvieron que irse no por decisión propia, sino por haber sido desalojados y perderlo todo tras el sismo. Los dueños de estos edificios vieron entonces la oportunidad de sus vidas, rentar estos espacios reacondicionados a los nómadas digitales, claro está, a precios que el mexicano promedio no puede siquiera pensar en pagar, a este fenómeno se le conoce como “gentrificación”.

Si nos damos un clavado en Twitter, por ejemplo, podremos vislumbrar que este término es un término muy debatido, mucho se habla de sus causas y de sus efectos, y, sobre todo acerca de sus efectos negativos para las y los mexicanos. No hace mucho tiempo, tuve la “suerte” de encontrarme con un asiduo debate en esa plataforma, y es que una nómada digital texana, invitaba (en buena lid) a sus compatriotas a vivir la experiencia de llevar a cabo sus labores desde la Ciudad de México, aunado al tuit adjuntó fotografías de lo que parecía ser el entorno cotidiano de la Roma – Condesa, con sus incontables cafés y sus enormes parques arbolados que encantan a cualquiera. Este hecho no pasó desapercibido entre cientos de tuiteros mexicanos, quienes lejos halagarse por tan buena referencia de su ciudad, la reacción fue negativa, al argumentar que a ello se debe la gentrificación, la cual eleva los costos de la vivienda y le impide al mexicano promedio vivir en estas zonas de la capital ya que solamente los extranjeros pueden pagar los nuevos costos de los alquileres que no paran de ascender.

Se le dio entonces una connotación negativa a la palabra gentrificación y los fantasmas no tardaron en hacerse presentes. Se escucha y se lee entre quienes se encuentran en contra de la gentrificación argumentos como “¿Qué pasaría si en cualquier ciudad de Estados Unidos un mexicano llega solicitando un servicio a cualquier negocio hablando español, sin saber una sola palabra de inglés?, seguramente sería relegado y discriminado, en cambio en la Roma – Condesa es el pan de cada día, extranjeros acercándose a negocios, restaurantes y cafés sin saber ni una sola palabra de español, lo cual, alejado de rechazo genera, al contrario, “estatus” en la zona y encarecimiento, y lo que es peor, rechazo a los connacionales que se acercan a dichos establecimientos”.

Lo que es cierto, es que la gentrificación tiene efectos negativos y también genera palpables beneficios, sobre todo para quienes son los propietarios de los edificios que ahora son habitados por los nómadas digitales y por las y los dueños de los negocios que se encuentran en la zona, abarrotados como no se tiene precedentes por personas que consumen y generan una importante derrama económica tanto para la ciudad como para ellos.

Dicho lo anterior, mi intención no es ser linchado al afirmar lo anterior, sino dar un panorama general alrededor del fenómeno, sin polarizar ni tomar partido por la postura en contra o a favor. Se trata de entender el fenómeno desde todas sus aristas, ¿la última opinión?, la tienen ustedes.

Daniel Alejandro Acosta Aguirre.

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