Ken, el accesorio no indispensable de Barbie, paradójicamente logró con su comportamiento tóxico, el que visibilicemos cada vez más a la salud mental como la clave para construir relaciones amorosas sanas.
El reciente estreno de la película “Barbie”, ha causado un impacto particularmente especial en los últimos años. Mucho se ha especulado y debatido acerca de si Barbie es una película con fuertes cargas de superficialidad, otros han dicho que Barbie contiene un feminismo exacerbado y mal encausado (el lema de la película es “Ella lo es todo y él es sólo Ken”), otros tantos se han limitado a concluir que la película no es más que un monumental esfuerzo de marketing para que la icónica muñeca pueda volver a ver más días de gloria en cuanto a sus ventas entre las nuevas generaciones. Quizá todos tengan algo de razón.
Tratemos de analizar un poco lo anterior; para quienes argumentan que Barbie se encuentra excesivamente cargada de superficialidad, tienen razón en cuanto a los cuerpos atléticos y perfectos que la película proyecta, el modelo de la mujer caucásica, delgada y femenina desde la óptica de lo rosado, de lo que nos han hecho creer que una mujer debe ser, sin imperfecciones y talentosa, pero no tan talentosa como para eclipsar a los hombres. Quienes argumentan feminismo en la película, tienen razón, el lema lo dice todo, ellas son, ellos solo están. Para quienes argumentan que la película solo fue una catedra de marketing contemporáneo exitoso, tienen razón, la película dirigida por Greta Gerwig, a tres semanas de haberse estrenado en cartelera ha recaudado más de mil millones de dólares a nivel global (y aumentando), son cifras exorbitantes, la cinta se ha coronado como la cinta dirigida por una mujer en solitario más taquillera de todos los tiempos, ¿cómo no hablar de empoderamiento femenino? Sin embargo, el tema que hoy nos ocupa no es hablar del debate generado en torno a la película ni confirmar datos ni cifras que vislumbren su éxito en taquilla.
Desde la óptica de espectador de cine de fin de semana, no como experto ni crítico de cine consagrado, algo llamó particularmente mi atención a lo largo de las casi dos horas de duración y, fue como la película refleja en Ken el como no saber controlar tus emociones afectivas, el rechazo y el no ser correspondido en el terreno de pareja, puede llevar a los hombres a hacer cosas terriblemente lamentables. En la película, el rechazo de Barbie a Ken lo lleva a acompañar a Barbie, de una manera que raya en lo forzado al “mundo real”, el mundo de los humanos; en este mundo Ken descubre que ahí los hombres son más que un mero accesorio como en “Barbieland”, es decir, en el “mundo real” los hombres tienen el control total, el poder absoluto y la mujer juega un rol secundario. El rechazo de Barbie, lleva a Ken a replicar un mal entendido patriarcado en su regreso a “Barbieland”, país ficticio donde habitan todas las Barbies y todos los Ken, en donde el sistema es a la inversa que en el mundo real, es decir, en “Barbieland” existe el matriarcado. Lo anterior lleva a lo inevitable, Ken es ahora una especie de villano, un macho desde el sentido peyorativo de la expresión.
“Pero… es solo una película, no nos distraigamos de la finalidad, el entretenimiento”, pudiéramos pensar.
Sin embargo, la historia relatada en la película sucede todos los días en la vida real; el rechazo y los sentimientos mal encausados concluyen en muchos de los casos en violencia psicológica, física e incluso en feminicidios. ¿Cuántas veces no hemos escuchado la frase “si no es para mí, no será de nadie más? Aunque seguramente nunca hayamos escuchado en la vida real a nadie decir esta frase más que en las novelas, hay muchas personas que, aunque no la digan si la aplican, sin importar que ello implique dañar de cualquier forma a la persona supuestamente amada.
En México la violencia de género es un hecho indiscutible, es un fenómeno complejo que se presenta en la mayoría de los casos en las relaciones de pareja, manifestándose en formas concretas como violencia psicológica, daño en la autoestima y autopercepción, así como en la más grave de sus manifestaciones, la violencia física que puede incluso acabar con la vida de alguna persona, lamentablemente en la abrumadora mayoría de los casos en feminicidios.
Datos del INEGI muestran que en nuestro país 7 de cada 10 mujeres han vivido al menos una situación de violencia de género, en las cuales lamentablemente encontramos una tendencia al alza, especialmente en cuanto a violencia sexual, misma que actualmente tiene una incidencia del 49.7% y, violencia psicológica, la cual tiene una incidencia del 51.6%.
Las relaciones toxicas derivan en la mayoría de los casos de la falta de inteligencia emocional, los patrones de comportamiento machistas que concluyen en violencia física, sexual o psicológica derivan de una idea violenta del amor, en la que el hombre domina a la mujer, en la que la mujer es exclusivamente un accesorio del hombre, con roles definidos socialmente aceptados, con formas de vestir, formas de verse y formas de comportarse avaladas por los hombres. Si la mujer no hace, dice o se ve como yo espero que lo haga, si la mujer es libre, elije sobre su comportamiento, su rol y su sexualidad, el grueso de los hombres se desestabilizan emocionalmente, si la mujer de la que se encuentran enamorados desde esta idea violenta del amor no cumple con lo que ellos esperan que haga, la mujer en automático se convierte en villana y se le debe castigar como tal.
Es precisamente esta idea machista y desvirtuada del amor la que en muchos de los casos acaba con la vida de miles de mujeres, no solo en nuestro país, sino alrededor de todo el mundo. Es justo en este punto donde Ken y su comportamiento errático desde su perspectiva machista del amor nos hace reflexionar acerca de la importancia de que las nuevas generaciones cuenten desde temprana edad con una educación con perspectiva de género y, que vaya más allá del conocimiento racional, sino también que ahonde en la salud y estabilidad emocional.
En la medida en que las personas sean orientadas a descubrir y controlar su inteligencia emocional, la errática idea del amor machista desaparecerá, gradual pero efectivamente. Hagamos que suceda.
DANIEL ALEJANDRO ACOSTA AGUIRRE.

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