Redefiniendo el Éxito y la Felicidad: El Equilibrio de las Nuevas Generaciones

Las generaciones más jóvenes ya no aspiramos a convertirnos en gerentes o en CEO de nuestros lugares de trabajo, las nuevas generaciones no ambicionamos propiedades ni cinco autos de lujo en la cochera de nuestras casas, en cambio ahora ambicionamos experiencias que le den vida a nuestra vida.

Pocos temas son tan profundos y filosóficos como el hablar del propósito de la vida. Las personas que tienen claro cuál es su propósito en la vida sin duda son personas con un gran privilegio pero también con una responsabilidad importante en sus hombros, ya que todos sus esfuerzos y acciones diarias las tienen que canalizar al acercarse cada vez más a la meta deseada, la gran mayoría de las personas ni siquiera entienden con exactitud cuál es su propósito de su vida, lo que lleva a invariablemente nos lleva a hacernos innumerables cuestionamientos acerca de quienes somos y qué estamos haciendo aquí, sin embargo, algo en lo que la inmensa  mayoría de las personas coincidimos, es en el hecho de que sea cual sea el medio para conseguirlo o sea cual sea la forma de visualización y materialización, todos los seres humanos buscamos una sola cosa, la felicidad.

El contexto histórico y geográfico en el que nacimos, crecimos y somos, es el eje fundamental al momento de darle significancia a la palabra felicidad, es decir, la felicidad definitivamente no es lo mismo para un individuo que para otro, no es lo mismo personas que hablan el mismo idioma, nacieron en el mismo país y fueron incluso educadas quizá en la misma escuela, ¿qué podríamos esperar si analizamos los intereses y definiciones de felicidad de una persona que nació en el continente asiático con respecto de la que nació en el continente americano? Con idiosincrasias totalmente diferentes y filosofías distintas, con formas tan diferentes de ver la vida, invariablemente el concepto de felicidad obtiene una gama interminable de significados para cada individuo.

Para el mundo occidental el cual se rige mediante el orden económico, político y social regido por el capitalismo, especialmente en el contexto norteamericano, la idea de la felicidad con la que hemos crecido se basa en la posesión, en la obtención de bienes materiales que nos permitan ser una persona mal entendidamente “más valiosa” con respecto de los demás, y es que el capitalismo tiene como una de sus principales premisas la competencia, la competencia tanto de quienes proveen bienes y servicios pero también entre los individuos, a quienes desde temprana edad nos enseñan a vivir en la constante búsqueda de ser el mejor de la clase, el mejor en los deportes, el mejor en todo, con tal de obtener nuestros objetivos, deseos y satisfacciones.

Para quienes hoy son personas adultas jóvenes, crecieron viendo en casa y hasta en las películas, como las personas felices son las personas con altos ingresos económicos, personas “ricas” las cuales se convirtieron en nuestros modelos a seguir, ¿cómo no van a ser felices viviendo en esa casa?, ¿cómo no van a ser felices manejando ese auto? ¿cómo no van a ser felices casadas y casados con las mujeres y los hombres más atractivos? Había un camino a seguir que nos enseñaron para lograr ser ese tipo de persona, ser el mejor de la clase, ser el mejor trabajador, un día alguien notará tus grandes habilidades y talentos, tus grandes esfuerzos y te promoverán en tu empleo hasta que un día llegues a ser el CEO de la empresa, ¿qué hay que hacer para lograr lo anterior entonces? Trabajar, desayunar, comer y cenar trabajo, esfuerzo, horas y horas de empeño y preparación, horas y más horas entregadas a la empresa, a la corporación, no hay atajos ese es el camino que nos enseñaron, trabajar duro y sin descanso.

Cuando crecimos nos dimos cuenta que nuestros padres, nuestras madres y que incluso nuestros abuelos siguieron al pie de la letra y con fe ferviente esta formula para llegar a la meta, ser exitosos, tener éxito laboral y económico, nunca perdieron la brújula, sin embargo perdieron su vida y la meta no necesariamente llegó, quizá muchos de ellos efectivamente lograron el éxito laboral a base de trabajo, sacrificio y esfuerzo, sin embargo al final del camino el costo fue más alto de lo que esperaban, se perdieron de festivales, de graduaciones, de desayunos, comidas y cenas, se privaron de experiencias y de viajes, perdieron lo más importante, su salud, y ahora son personas adultas mayores que viven en muchos de los casos arrepentidos de haberse olvidado de lo más importante, se lamentan de haberse olvidado de vivir y de no haber sabido ver que la felicidad estuvo siempre ahí, en los pequeños detalles de la cotidianidad, en la taza de café de las mañanas, en la caminata por el parque, en saborear esa su comida favorita.

No extraña entonces que quienes vimos desde primera fila el fracaso de esa formula busquemos la redefinición del camino, no queremos cometer los mismos errores de quienes ya se equivocaron, pero también queremos replicar lo que se hizo bien, buscamos que nuestra brújula tome un nuevo sentido y hemos entendido que la felicidad no es un objetivo de vida, sino un estado de animo que está presente en la cotidianidad. ¿De que sirve trabajar todos los días de nuestra vida para poder disfrutar de París hasta nuestra vejez, mermados en salud, ánimo y fuerza? Las generaciones más jóvenes entonces, especialmente quienes formamos parte del demográfico que integran los denominados millenials y la Generación Z, estamos aprendiendo a valorar profundamente la autenticidad, el significado de nuestros esfuerzos diarios, su relevancia real, es decir, estamos despertando una conciencia y un enfoque de equilibrio, estamos aprendiendo a que nuestros esfuerzos deben de contribuir de forma responsable a generar cambios sociales que impacten de manera positiva el medio ambiente y nuestra calidad de vida, estamos aprendiendo a desarraigarnos del egoísmo que representa el individualismo y hemos vislumbrado ya que lo que hagamos o dejemos de hacer hoy, afectara a las futuras generaciones, la calidad de vida de los que vienen ya no nos es indiferente.

En cuanto a nuestras vidas laborales, estamos también aprendiendo a negociar con nosotros mismos nuestros equilibrios personales y emocionales, el ambiente de trabajo, la flexibilidad, la reducción de nuestros niveles de estrés, la cultura organizacional positiva, nuestro tiempo y nuestra calidad de vida son aspectos que tomamos cada vez más en cuenta para poder encontrar el tan ansiado equilibrio, el crecimiento y desarrollo personal integral, y por ende nuestra felicidad. Las nuevas generaciones buscamos entonces lugares de trabajo que no sean rígidos en horarios, que cuenten con ubicación optima con respecto de nuestros lugares de residencia, e incluso, derivado de la pandemia, han surgido nuevas modalidades de trabajo a distancia como el home office y los nómadas digitales, quienes ponderan el hecho de poder trabajar desde cualquier lugar del mundo, en el horario y días que ellos decidan, encontrando el equilibrio entre el desarrollo laboral y el desarrollo personal, al tener la oportunidad de viajar a nuevos destinos, de conocer nuevas culturas, nuevas experiencias culinarias y nuevas personas, lo único que se necesita es tener una computadora con internet; la idea de ir a un espacio físico, a una oficina, a un cubículo durante años y cumplir un horario laboral rígido, sin flexibilidad ya no forma parte del ideario de las nuevas generaciones, sin embargo, ahora estás generaciones interpretan que el ir a caminar al parque con sus mascotas, con su pareja, con sus hijos, amigos o seres queridos no tiene que ser una actividad que se limite a los fines de semana, puede ser también una actividad cotidiana, diaria, y si, en esa caminata por el parque encuentran la felicidad sin tener que esperar treinta y cinco años para jubilarse y finalmente “poder” hacerlo, y entrecomillo poder porque a los 75 años después de haber tenido una vida sedentaria ¿quién querría/podría ir al parque a caminar con energía? ¡Probablemente ni siquiera tendremos con quien ir a disfrutar en esa etapa de nuestras vidas!

El desarrollo personal es un proceso continuo y  multifacético que abarca el crecimiento emocional, mental y físico. Las nuevas generaciones estamos particularmente interesados en el desarrollo personal, buscando constantemente oportunidades para aprender, mejorar y alcanzar nuestro máximo potencial. Esto se refleja en el enfoque e importancia que le damos a la educación continua, al autocuidado y al balance entre el trabajo y nuestras vidas personales. Buscamos entonces ser parte de organizaciones que apoyan el desarrollo personal, que crean un ambiente laboral donde nos sintamos valorados y motivados, donde nos ofrezcan flexibilidad y programas de bienestar, organizaciones que impulsen nuestra productividad y nuestra innovación bajo nuevos esquemas que no impliquen pasar nuestra vida sentados en una silla desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la noche.

Las nuevas generaciones estamos redefiniendo el concepto de trabajo y éxito, entendemos que esto ya no se trata solo de obtener el mejor salario y escalar posiciones jerárquicas en nuestra organización laboral, ahora el énfasis está en encontrar un propósito, en mantener un equilibrio positivo en nuestra salud física y mental, en crecer como individuos y no como parte de una organización única y exclusivamente.

Los datos duros lo confirman, por ejemplo, de acuerdo con una encuesta realizada por la firma Visier en 2023 a mil personas adultas que trabajan tiempo completo, indica que solo el 38% de las personas están interesadas en convertirse en jefes/jefas del personal donde actualmente trabajan, el 62% restante manifestó que preferían permanecer como empleados. Otro estudio realizado por McKinsey & Company y por la organización LeanIN.ORG durante 2023, arrojó datos como el que el 38% de las mujeres que tienen hijos afirmaron que sin flexibilidad en el lugar de trabajo tendrían que abandonar la empresa o reducir su jornada laboral. El universo de esta investigación no es menor, fue hecha en 276 empresas que emplean a más de diez millones de personas a nivel global. Lo anterior quiere decir que las nuevas generaciones estamos restándole importancia a la principal prioridad histórica de las generaciones que nos anteceden, de hecho la ambición relacionada al éxito laboral ya no está siquiera en el top 3, de acuerdo con el último estudio en mención estas son las principales tres ambiciones actualmente:

1.- Pasar tiempo con familiares y amigos (67%);

2.- Estar física y mentalmente sano (64%);

3.- Viajar (58%).

Obtener un aumento se posicionó en la cuarta ambición con el 54% de los encuestados, sin embargo, únicamente el 9% de las personas encuestadas manifestaron ambicionar el convertirse en gerentes de sus lugares de trabajo, por último solo el 4% manifestó la ambición de convertirse en ejecutivo de alta dirección.

En conclusión, la importancia del balance, el equilibrio, el propósito de vida, un ambiente de trabajo flexible es cada vez más valorada por las nuevas generaciones, nuestro desarrollo personal y emocional ya no está por debajo de nuestras prioridades con respecto de nuestras ambiciones laborales de convertirnos en CEO, ahora sabemos que si pasamos nuestra vida sentados en una oficina, por más posiciones que escalemos nuestra calidad de vida se verá mermada mas temprano que tarde, impidiéndonos disfrutar del camino hacia nuestros objetivos, estamos aprendiendo a entender que la felicidad está ahí, siempre frente a nosotros, al despertar con un rayo de sol en la cara, al girar la almohada del lado frío, al tomar un café con un amigo, al ir un martes a las once de la mañana a caminar al parque, al tomarse una cerveza en un día caluroso, al ver crecer a nuestros hijos y asistir a sus festivales escolares, al conocer una nueva ciudad y nuevas culturas, nuevas formas de pensar, nuevos paradigmas y nuevos estilos de vida que nos nutran, que nos hagan crecer y que nos hagan ser siempre una  mejor persona, no por la cantidad de bienes que poseemos ni por la posición económica que ostentemos, sino por la calidad de vida que le imprimamos día con día a nuestras vidas.

Daniel Alejandro Acosta Aguirre.